Derecho a disfrutar mi erotismo sin culpas

Por Iván Manuel Ortíz Alcaide

El derecho que tenemos de disfrutar de nuestro erotismo es para muchas personas desconocido, particularmente en la población juvenil, y es ante la ausencia de información científica y sin prejuicios, así como la permanencia de creencias y mandatos culturales, que dicho desconocimiento se perpetúa, generación tras generación.

Por ello surge la necesidad de reflexionar y cuestionar dichas creencias, así como mandatos culturales en torno a las conservadoras consignas sociales que se enquistan en cada generación, ya que esta situación impide de manera reiterada la posibilidad de transitar hacia un vida erótica plena y placentera, lo que condena a un gran segmento de jóvenes a vivir sentimientos de enojo, tristeza y miedo, acompañados de sus múltiples síntomas y características, en el momento que deciden ejercer libremente su erotismo.

Durante los últimos quince años hemos sido testigos de cómo se han mantenido los niveles de embarazos a temprana edad; en este caso, México ocupa el primer lugar de embarazos no planeados dentro de los países que conforman a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Sin duda, este fenómeno es complejo, ya que requiere de atención multidisciplinaria y de especialistas en sexualidad, pero hasta ahora resulta evidente la falta de atención que reciben los jóvenes.

Como sexólogo, psicoterapeuta sexual y educador sexual, considero  importante que la población juvenil cuente con espacios en los que puedan preguntar e informarse desde un enfoque científico y sin prejuicios, ya que al contar con dicha información se asume una actitud positiva hacia diversos temas en sexualidad, con el objetivo de generar el libre desarrollo de la personalidad en la población juvenil, el cual es un derecho plasmado en nuestra Constitución.

Durante mi práctica profesional y mi trabajo diario con jóvenes, es frecuente escuchar que la población juvenil a la atiendo por motivos de consulta, en los que manifiestan miedos, frustraciones y ansiedades originados por creencias, mandatos culturales o consignas sociales interiorizadas, y es que en el intento por ejercer su erotismo en el día a día, tienden a bloquearse por pensamientos que no les permiten sentir y disfrutar la experiencia erótica.

Es frecuente que las y los invadan pensamientos como: “¿lo estaré haciendo bien?”, “¿le estará gustando?”, “¿y si le digo que no me está gustando?”, “si mi mamá me viera diría que soy una puta” etcétera. Ejemplos como los antes mencionados originan sentimientos de culpa, como si un eterno juez o jueza  implacable las y los estuviera persiguiendo y culpando  al mismo tiempo por algo a lo que tienen derecho como si este derecho a ejercer su erotismo no existiera.

Sin embargo, existe, y estos derechos sexuales y reproductivos implican distintas necesidades en torno a la sexualidad de las y los jóvenes; lo más importante es que forman parte de los derechos humanos de los que cualquier persona debe gozar, por lo que se tienen que ejercer de forma plena para cimentar el libre desarrollo de la personalidad, así como decidir sobre su cuerpo y su sexualidad.

La necesidad de acompañar a las y los jóvenes y ofrecerles información sobre sexualidad, es un derecho que no puede postergarse; el derecho a recibir educación integral en materia de sexualidad es una deuda que no puede esperar más para todas las personas, pero en especial para los jóvenes.

El conocimiento de sus derechos sexuales implica que las y los jóvenes exijan su cumplimiento con efectividad y con argumentos científicos y sin prejuicios, siempre acompañados desde el buen trato a una juventud eternamente maltratada.

 

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