Erradicar la violencia en el noviazgo es responsabilidad de todos y todas

Ana María Delgado León

La violencia en el noviazgo es un fenómeno universal que transciende clases y grupos sociales; por lo tanto, las respuestas a este problema tienen que adecuarse a cada cultura, pues de otra forma estarán condenadas al fracaso, a limitar el beneficio posible o a distorsionar los resultados previstos; no deben olvidarse las razones por las que se trabaja la violencia en el noviazgo, la cual comprende agresiones físicas, relaciones sexuales forzadas y otras formas de coacción sexual, además de maltratos psíquicos como la intimidación, entre otros.

La violencia en una relación de pareja se refiere a toda acción u omisión que daña tanto física, emocional como sexualmente, con el fin de dominar y mantener el control sobre la otra persona. Para ello se pueden utilizar distintas estrategias que van desde el ataque a la autoestima, los insultos, el chantaje, la manipulación sutil o los golpes.

Al principio, algún comentario incómodo, un jaloneo o una bofetada pueden parecer como parte del juego entre los dos, pero esto puede tomar dimensiones tan grandes que incluso se llega a la hospitalización o la muerte.

La pareja no se da cuenta de la situación que está viviendo porque hay factores a su alrededor que impiden a ambos ver el rumbo que está tomando la relación; el hecho de estar enamorados no les permite pensar objetivamente, por lo que no se dan cuenta de que alguno de los dos está ejerciendo violencia sobre el otro, o es víctima de esta.

Para saber si tu relación es violenta, simplemente debes analizar cómo te sientes cuando estás a su lado, es decir, si te sientes libre de comentar o hacer cualquier cosa, o si tienes que cuidarte de tus comentarios y comportamientos porque temes que en cualquier momento se enoje y se ponga agresivo(a).

Otra forma es analizar si en tu relación se presentan ciertos comportamientos que normalmente se repiten, por ejemplo:

Etapa 1: tu pareja se tensa constantemente, su tensión se acumula y crece tanto que insulta y reprocha.

Etapa 2: te agrede física y/o emocionalmente sin poder controlarse.

Etapa 3: busca la reconciliación, dice arrepentirse, promete que va a cambiar y te llena de obsequios y se muestra muy complaciente.

Cuando este ciclo sucede más de una vez en la relación o la pareja tiene episodios de agresión que aparecen de la nada, se está ante un caso de violencia que debe ser detenido y atendido. Si estás ante un caso de violencia en tu relación de pareja, debes saber que el problema es estrictamente de la persona violenta, tiene que ver con su historia y no con lo que hagas o dejes de hacer.

En el noviazgo, la violencia es muy sutil y va creciendo poco a poco con el tiempo, de hecho, las personas sin darse cuenta y al vivir en un entorno violento, frecuentemente aprenden a relacionarse de esta manera. Siempre estás a tiempo, marca un alto y busca entender lo que está pasando, toma las decisiones necesarias como alejarte, pedir ayuda a un profesional especializado y denunciar.

Que no se te olvide que las conductas que son violentas para nada enriquecen ni estimulan tu relación, al contrario, la enferman. No es válido pensar "solo estamos jugando", "me cela porque me quiere", "me dice cómo vestirme porque se preocupa por mí", "me vigila todo el tiempo, porque no quiere que me pase nada" o "me golpeó porque yo lo provoqué".

La violencia en la adolescencia debe detenerse desde la infancia. No existe un joven violento que no haya dado muestras de agresividad importante a lo largo de su etapa infantil. El principal factor de protección es el familiar. Parece muy claro que la autoridad ejercida desde el afecto y el amor, establece límites y es un claro indicador de protección.

En la familia es donde deben trabajarse y transmitirse con el ejemplo, valores como: la solidaridad, la tolerancia, la responsabilidad, la cooperación, el respeto por el otro y por el medio ambiente, la igualdad sexual, la pluralidad cultural, y actitudes y comportamientos básicos para el desarrollo de un niño sano.

Sobre todo es en la familia donde hay que detectar cualquier señal de que algo va mal, para diseñar los medios adecuados de diagnóstico y tratamiento del problema.

La escuela tiene mucha importancia en la prevención de la violencia, por lo tanto, el fenómeno de la violencia escolar, como el acoso, debe ser tratado desde todas las instancias públicas y privadas.

La prevención de la violencia en la escuela pasa por el refuerzo de la enseñanza de las habilidades propias de la inteligencia emocional, las cuales se deben trabajar en primer lugar en la familia, a través del reconocimiento y control de las emociones; trabajar desde pequeños la empatía, la automotivación, y enseñar habilidades sociales y resolución de problemas, que les permitan relacionarse con los demás de una forma igualitaria y pacífica.

La sociedad no debe ser hipócrita. No podemos mirar a otro lado. Se necesitan muchos más medios en servicios sociales y educación para poder afrontar el problema con todas las estrategias a nuestro alcance. Me parece que armas es un substantivo relacionado con la violencia, por lo que se puede emplear otro menos bélico.

 

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