Necesito terapia sexual

 Por Francisco Delfín Lara

¿Necesito terapia sexual?

Esta pregunta ronda en la cabeza de muchas personas, sin embargo, la mayoría tiende a descartarla por infinidad de razones, aunque en el fondo consideren que la requieren. A continuación, enlistaré algunas de las razones más frecuentes:

1. De manera general, los hombres han sido educados para hacerles creer que pueden resolver cualquier problema que aparezca, que no padecen nada (aunque son los que más se enferman) y que, además, son los “sexpertos”, motivo por el cual se niegan a asistir a este tipo de terapias.

2. Algunas mujeres siguen pensando que lo más importante de la sexualidad es tener descendencia, para luego dedicarse en cuerpo y alma a cuidar a su familia. Por tal motivo, suelen considerar a los aspectos eróticos como superficiales y poco importantes.

3. Otras mujeres ni siquiera piensan en la posibilidad de disfrutar las relaciones sexuales, pues han escuchado que las mujeres decentes “no piensan en eso”.

4. Existen mujeres que no conocen su cuerpo y, por lo tanto, solo se dedican a satisfacer a sus parejas.

5. Algunos hombres que tienen problemas de erección, dada la forma en que fueron educados, no quieren que nadie se entere de lo que les sucede e, incluso, tratan de ocultárselo a su pareja, es por ello que casi siempre llegan tarde del trabajo, muy agotados o están tan irritables que los disgustos de pareja están a la orden del día.

Además de estas razones, podríamos seguir hablando de infinidad de justificaciones elaboradas para no enfrentar una problemática que a la larga acarrea amargas consecuencias.

Las personas tienen relaciones sexuales por muy diversos motivos, sin embargo, casi nadie lo hace para reproducirse, como durante tanto tiempo se ha afirmado. Vale la pena mencionar que hay parejas que pueden tener problemas para conseguir un embarazo, por lo que se ven en la necesidad de recurrir a la intervención de especialistas.

La mayoría de las personas “hace el amor” porque buscan placer, donde lo ideal sería dar y recibir. Asimismo, lo hacen para demostrar cuánto aman a su pareja, para satisfacer su apetito sexual o simplemente porque tienen muchas ganas. Del mismo modo, hay quienes tienen relaciones por cumplir y hasta por amenazas, pero esa es otra historia de la cual hablaremos en una próxima ocasión.

Por lo regular, las parejas que tienen relaciones sexuales o coitales porque solo van en busca de placer, lo hacen con diferentes estilos y por diversos propósitos, y es precisamente ahí donde pueden surgir los problemas.

Muchas veces, la mujer no disfruta porque su pareja termina muy rápido, y aunque él diga que se debe a que es muy apasionado a causa de su gran apetito sexual, la realidad es que ella quedará insatisfecha y estaremos ante lo que técnicamente se conoce como “eyaculación precoz”.

Esta problemática es tan frecuente que se dice que uno de cada tres hombres eyacula antes de que transcurra un minuto después de haber penetrado. Lamentablemente, este tipo de parejas, en promedio, acuden a consulta después de siete años de padecer dicha situación. En esos casos, lo más difícil de solucionar son los resentimientos de la pareja.

Uno de los problemas más comunes y que predominan en las mujeres son los denominados “trastornos del apetito sexual”. Si bien cada persona tiene su propio deseo sexual, que puede ser igual, menor o mayor que el de su pareja, lo más factible es que sea distinto.

Si ambas personas se ponen de acuerdo, no habrá mayor problema, no obstante, eso rara vez sucede. De hecho, algunas investigaciones han demostrado que una gran cantidad de mujeres inicia las relaciones sexuales sin deseo sexual, “aunque usted no lo crea”. Habrá quien considere eso como una exageración, sin embargo, multitud de estudios así lo demuestran. Cabe señalar que, en ocasiones, conforme transcurre el coito, algunas mujeres llegan a disfrutar el acto sexual, no obstante, eso sería motivo suficiente para solicitar una consulta.

Cuando se habla de “terapia sexual”, quizás lo más conocido sea la falta de orgasmo, que técnicamente se denomina “anorgasmia”, la cual es más frecuente en las mujeres, aunque algunos hombres también la padecen. 

La cuestión se complica porque, aunque parezca increíble, algunas mujeres no saben y mucho menos identifican qué es un orgasmo. La gente, en términos generales, cree que el orgasmo es una sensación indescriptible, pero muy intensa, en la que las percepciones se magnifican, algo así como mariposas en el estómago, ver fuegos artificiales, perder el sentido y otras descripciones que hacen sentir a las mujeres que preguntan acerca de este tema, que nunca los han tenido ni los tendrán.

Sin embargo, la realidad es que el orgasmo es menos espectacular y, de acuerdo con algunos especialistas, se puede resumir como un aumento en la frecuencia respiratoria y cardiaca (nada que ponga en peligro la vida); una serie de contracciones en el área genital que se expanden al resto del cuerpo y un aumento de la temperatura. Cabe mencionar que algunas personas tienen la tendencia de abrazar y emitir sonidos guturales durante ese momento.

En las películas pornográficas —irónicamente— las mujeres parecen ser muy religiosas, ya que casi siempre dicen cosas parecidas a: “Oh, Dios mío”, “Dios mío”… y otras por el estilo. Sin embargo, no todo lo descrito ahí le sucede en la realidad a la mayor parte de la gente. Puede ser que algunas de esas circunstancias sí ocurran, pero, por lo general, lo que suele acontecer es que, después del orgasmo, se tiene una sensación de relajación que hace sentir a la persona satisfecha.

Por el contrario, cuando se alcanzó un grado de excitación alto y no se llegó al orgasmo, la mujer puede sentirse mal e incluso muy mal si eso se repite frecuentemente. En estos casos, queda claro que la terapia sexual se vuelve indispensable.

Una problemática o disfunción sexual (como se les denomina a estas situaciones) de la que se habla con mayor frecuencia es la denominada “disfunción eréctil”, que se refiere a las fallas en la erección, ya sea porque no se consigue o porque se pierde durante la actividad sexual. Esto se convierte en algo que hiere, de forma muy seria, la masculinidad, ya que, como dijimos al principio, se tiene la creencia de que los hombres no deben fallar nunca, por lo que, si no se tiene la erección, el varón puede sentirse fracasado o, peor aún, poco hombre.

Cuando esta problemática se presenta, el hombre tiende a alejarse, evadir cualquier contacto amoroso y, en consecuencia, cesar las relaciones sexuales. Ante estos casos, la pareja tratará de adivinar a qué se debe dicho alejamiento; puede pensar que ya no la ama, que no la desea, que tiene una amante, o, que es gay, y un sinfín de hipótesis más que no puede comprobar, pero que dañan la relación. Lo peor del caso es que quienes presentan la disfunción eréctil difícilmente compartirán sus preocupaciones con otros hombres para pedirles consejo, pues temerán que se burlen de ellos.

En este caso, debe quedar claro que la disfunción eréctil no es una enfermedad, sino un signo que aparece en varias enfermedades, entre las cuales destacan: diabetes mellitus, cardiopatías, depresión, alcoholismo, tabaquismo, síndrome metabólico, entre otras, pero también en problemas de pareja. La terapia sexual resulta indispensable para determinar a qué se debe la falla en la erección y dar el tratamiento específico.

Una situación que sorprende a la mayoría de las personas es lo que se conoce como “matrimonio inconsumado”, que se refiere a que la pareja no ha tenido relaciones sexuales completas, es decir, él no la ha podido penetrar, aunque a veces lleven años de casados.

Yo prefiero hablar de “coito no consumado”, ya que he atendido a parejas de novios con esta situación y que no se han casado. Como es fácil comprender, las parejas toman la terapia y quedan muy satisfechas cuando pueden “consumar” la penetración.

La terapia sexual es una oportunidad para solucionar aquellas problemáticas que muchas veces no se comentan, pero que afectan la relación de pareja. Lo ideal es que ambos miembros de la díada acudan a consulta, pues de ese modo podrán entender temas complejos, como la disfunción eréctil, la cual, más que a una amante, puede deberse a problemas médicos o de pareja.

Algo que debe quedar muy claro es que, en algún momento, se deberá conversar con cada persona por separado, ya que, aunque se amen, se quieran y se gusten, hay aspectos que no necesariamente tienen que compartir con su pareja, pues hay cosas que son muy personales.

La terapia sexual es una experiencia enriquecedora, ya que permite conocer el propio cuerpo y el de la pareja, así como las formas en que se pueden brindar caricias, pero también recibirlas. Asimismo, permite erradicar tabúes y propicia que las personas expresen su erotismo sin culpas.

Desde mediados de los años sesenta del siglo pasado, época en que apareció formalmente la terapia sexual, esta ha ido evolucionando y se ha vuelto más integral, es decir, ya no se centra únicamente en lo genital, sino también en lo corporal, lo psicológico, lo cultural, lo afectivo y otros aspectos que intervienen en la experiencia sexual.

 

Es tiempo de pensar en que uno tiene derecho a disfrutar su vida.

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