¿Realmente disfrutas tu sexualidad?

Neosexualidad 

¿Cómo romper la cadena hereditaria de incultura sexual que llevamos siglos eternizando, y así dar un salto consciente en la manera de entender y practicar el sexo?

Nos encontramos en tiempos de cambios profundos, lo que nos ha servido hasta ahora para vivir ya no nos satisface, esta sacudida social que estamos viviendo nos ha sacado del adormecimiento intenso en el que estábamos, nos ha hecho salir de la comodidad, de la rutina establecida, ha sacado lo que estaba enterrado a la superficie, y ahí abajo había mucha insatisfacción sexual y emocional.

En cuanto al sexo se refiere, emerge la frustración, el analfabetismo sexual, la incultura, el tabú y la vergüenza, que aún existen.

Aparentemente ha habido un cambio en la manera de afrontar el sexo con respecto a cómo se comportaban nuestros padres o abuelos, en ese sentido porque ahora se habla mucho más de sexo, se practica con más frecuencia y desde una edad mucho más temprana, y hay una cultura pornográfica extensa y asequible para todo el mundo y a todas horas.

Nos sentimos orgullosos del avance que hemos hecho, creemos que hemos superado y mejorado nuestra manera de relacionarnos con el sexo. Incluso en las escuelas se dan charlas sobre él.

Pero desde mi punto de vista ha sido más superficial que profundo, hemos cambiado un envoltorio, antes oscuro, pesado y amarillento, por uno liviano y de colores estridentes; hemos sustituido el maquillaje denso y con olor a naftalina por uno más suave y moderno, pero bajo esa nueva apariencia se mantienen los vicios de antaño: un sexo inconsciente que busca la recompensa inmediata, un movimiento rápido y mecánico con un solo objetivo, un sexo de inspiración machista lleno de acción y poco sentir. Un sexo donde los cuerpos se calientan por fricción y desde la agitación…

A mi consulta llegan muchas personas y parejas con el anhelo de descubrir otra manera de relacionarse sexualmente, sienten que tiene que haber algo más allá del sexo que conocen, pero del que nadie les ha hablado.

Sí, en las escuelas ahora dan charlas sobre sexo, pero ¿qué contienen esas charlas? ¿Dan información a los jóvenes de cómo conectar su alma a otra persona a través del sexo?  ¿Enseñan cómo hacer el amor desde la calma y la relajación? ¿Ofrecen herramientas a los chavales para que su sexo sea placentero, respetuoso y consciente?

Sabemos la respuesta a todas estas preguntas…

Si no es a través de la educación, ¿cómo vamos a cortar esta herencia de desinformación, de incultura sexual, de analfabetismo sensual, que transmitimos de generación a generación?

A estas alturas de la vida, seguimos sin saber relacionarnos sexualmente a un nivel profundo e íntimo, el sexo continúa siendo exclusivamente genital y de fricción.

En general, nadie nos enseña a hacer el amor, a jugar íntimamente con otro ser… Nadie te orienta a sentir lo que tu cuerpo necesita, a cultivar el arte de la lentitud, a acrecentar el placer, a expandir el amor…

Es el momento de responsabilizarnos de nuestra vida sexual, de descubrir que hay otra manera de hacer el amor mucho más gustosa, profunda y sagrada, es el momento de cambiar realmente nuestra historia sexual de raíz y liberar a nuestros hijos e hijas de una herencia caduca y nociva.

Es necesario un cambio de paradigma sexual.

A veces, en mi consulta, cuando planteo esta idea se respira un cierto miedo. Un miedo bien entendible, pues cuando sabes que hay algo que ya no quieres, pero que aún no tienes integrado en tu vida lo que en verdad quieres, hay un impasse de incertidumbre.

Me explico:  vienen parejas a mi consulta que dicen estar cansadas de su relación sexual, pero cuando yo les propongo una nueva visión, se revuelven incómodos en su asiento, les invade el miedo que produce todo cambio, el tener que soltar lo conocido y adentrarse en lo desconocido, miedo a no saber, a tener que adaptarse a lo nuevo…

Pero poco a poco van entendiendo que sólo es cuestión de paciencia y tiempo, a medida que practican y van introduciendo pequeños cambios en su nueva vida sexual, a medida que experimentan los maravillosos resultados, se van relajando y disfrutando cada vez más de su trasformación sexual e íntima.

Lo importante es empezar despacio, son muchos años de malos hábitos, es preciso ir despacio y con mucha tolerancia, comprensión y, sobre todo, sentido del humor.

Normalmente les propongo ir introduciendo elementos nuevos y sencillos en cada encuentro sexual.

Déjenme ponerles algún ejemplo por si quieren empezar a aplicarlos en su vida íntima.

Pongan la lupa en sus sentidos

Empecemos a jugar a estar atentos a lo que ocurre en sus cuerpos, dejaen que los sentidos sean sus aliados. Escuchen, huelan, degusten, sientan.

Retocen juntos y ayúdense a acrecentar sus sensaciones. Cuando sean capaces de mantener todos sus sentidos amplificados, sus cuerpos se transformarán en una enorme fuente de placer.

Respiren

Una respiración fácil, relajada y sin pausa entre la inhalación y la exhalación, nos ayuda a potenciar las sensaciones.

La respiración es imprescindible para hacer que nuestra energía salga de los genitales y se eleve hacia el corazón. De esta manera trasformamos el acto sexual más primitivo en una experiencia sublime.

Aprendan a respirar mejor y verán cómo su capacidad de placer se acrecienta de una manera extraordinaria.

La respiración también les ayudará a relajarse y hará que sus cuerpos estén suaves y receptivos.

Cultiven el arte de la lentitud

Envuélvanse en un espacio de lentitud.

La lentitud les da tiempo para sentir, les permite relajarse, abandonarse a la experiencia. Por el contrario, la rapidez produce tensión y rigidez, cierra la garganta y por ende la respiración, produciendo un efecto de anestesia corporal.

A medida que practiquen la lentitud irán ganando consciencia genital y sensibilidad en el cuerpo.

La lentitud les permitirá pasar de lo superficial a lo profundo y de lo mental a lo íntimo.

Recuerden esta frase: la rapidez sale de la mente, la lentitud del corazón.

Permítanse ir introduciendo en sus relaciones sexuales un poquito de esta nueva consciencia y, aparte de acrecentar y mejorar su vida sexual considerablemente, estarán cambiando y enriqueciendo los cimientos sexuales de nuestra sociedad.

Responsabilícense de su placer y estarán sanando la historia sexual de las nuevas generaciones.

 

 

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